Compartir.
Coger algo tuyo y repartirlo.
Partirte generosamente.
Para compartir es necesaria una escucha activa por otra parte.

Requiere que la persona esté contigo, presente, que te intente comprender.
Porque si no se se produce esto.
El encuentro es imposible.

Para compartir es necesario el silencio.
Prestar atención a las palabras.
Ser paciente.

Porque compartir es intuir algo a la vez.
Es ir descubriendo de manera conjunta.
Todo aquello que quizás estaba oculto y que sale a la luz porque se está compartiendo.

Qué poco tiempo tenemos para poder compartir de verdad.
Siempre corriendo.
Siempre intentando aprovechar lo que nuestras obligaciones establecen.

Sabe a tan poco.
A veces pienso que vivimos en planetas diferentes en tiempos distintos.
En los que coincidir se hace imposible.

En los que tan solo necesitamos a los demás para recordarnos que existimos.
A los que usamos como desahogo.
Pero sin poner nuestros cuerpos en disposición de hallar un lugar.

A veces creo que es imposible que nos vean.
Porque ya hay una imagen hecha.
Porque sabes lo que la gente conocida va a pensar o decir.
Porque en lo predecible está el no esforzarse por ver un poco más allá.

A veces creo que compartir no es posible.
Pero de pronto, algo te sorprende, algo te despierta.
Un libro, una conversación, una persona.

De pronto ves que puedes crear.
Que puedes construir.
Que puedes tejer algo invisible entre las cabezas pero que es muy real en el interior.

De pronto puedes recordar la humanidad.
Alejar un poco la soledad.
De pronto el mundo te vuelve a recordar que no lo sabías todo.
Que no lo había visto todo.
Que todavía queda por aprender.
Por sentir.
Por descubrir de ti.

Porque, sí, compartir es vivir.
Y la vida sin ser compartida.
Es menos vida.