depresion tiroides

Salud femenina

No es depresión, es tu tiroides

Los síntomas del hipotiroidismo se parecen mucho a los de la depresión. Un desajuste de la tiroides pueden provocar tristeza, cansancio... ¿Cómo prevenirlo?

Tomás Álvaro

Si no puedes con el día a día, estás siempre cansada y muy friolera; si tienes la piel muy seca y se te cae el pelo; si te cuesta mucho concentrarte y tienes problemas serios de memoria; si has ido ganando peso y, además, lo estás pasando fatal..., sobre todo, psicológicamente; ahora sabes que todo son síntomas de hipotiroidismo.

Problemas de tiroides

Normalmente, pasar consulta es un trabajo duro que exige un alto grado de concentración y un esfuerzo considerable. Pero a veces la consulta se convierte en un lugar divertido y de aprendizaje. Y, hoy ha sido un día de esos.

Una paciente muy especial

Ha llegado ella, muy decidida, se ha sentado, ha apartado el bolso, la chaqueta, se ha echado hacia delante y mirándome bien de frente me ha empezado a contar:

—Sabe, doctor, yo siempre había dicho “el tiroides”, pero me he enterado de que hay que decir “la tiroides”. Usted ya lo sabía,¿verdad?

Yo hago ademán de responder pero no llego a tiempo, ya que ella continúa con el discurso como si lo llevara muy bien preparado.

—Se dice “la tiroides”, por la glándula, para diferenciarla “del tiroides”, el cartílago, la nuez de Adán que tenemos en el cuello. Es que yo creo que lo que tengo es tiroides, ¿sabe?

Yo le sonrío y, cuando intento abrir la boca, ella continúa la lección...

—Mire, he buscado información y vengo para que usted me ayude a cuidarla y a quererla porque la necesito para poder dar sentido a mi vida... ¡Quiero enamorarme de mi tiroides! Esta glándula interviene y regula tantos procesos ¡y tan importantes! Ahora lo he entendido todo, resulta que la palabra tiroides viene de la palabra griega thyros, que significar 'escudo', y también sé que es una glándula endocrina que tiene dos lóbulos como brazos abiertos, cual delicada mariposa plantada sobre el cartílago del mismo nombre.

Se detiene un segundo para señalar la parte anterior de su cuello un poco más engrosado de lo normal

—Va desde aquí, hasta aquí. ¿Lo ve? –me pregunta–Yo la tengo aumentada de tamaño, ¿verdad?

Se para el tiempo justo para tomar aliento y yo ya no intento meter baza, he decidido permanecer atento, y disfrutar de la función. Así continúa su curiosa y precisa explicación:

Me ha costado un poco entenderlo pero ahora ya lo tengo claro: para que funcione necesitamos tener suficiente yodo. Sus células se disponen en corro, formando unos preciosos folículos en cuyo interior se almacena la tiroglobulina, una sustancia coloide. El proceso para producir sus hormonas, la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3), es como una cadena entre el hipotálamo, la hipófisis y la tiroides (el llamado eje hipotálamo-hipófiso-tiroideo o H-P-T). En personas normales, y esa no soy yo –puntualiza sonriente–, el proceso va así: primero el hipotálamo produce la hormona liberadora (TRH) con una frecuencia de 9 pulsos al día (aumenta su amplitud por la noche y baja sus niveles durante el día), después la hipófisis libera la hormona estimulante del tiroides (TSH) y, finalmente, la tiroides actúa. Este eje H-P-T se comunica constantemente para adaptarse a las estaciones y dar respuesta al cambio de temperatura. Especialmente, al frío: entonces aumenta los niveles de TRH y TSH y, en consecuencia, la actividad de la tiroides. Cuando ya hay suficientes hormonas T3 y T4, se produce una retroalimentación negativa sobre el hipotálamo y los niveles de TRH descienden. Y así se va nivelando el sistema... Pero a veces este sistema no funciona, ¿verdad, doctor?

Quería explicarle que existen diferentes tipos de hipertiroidismo cuando me empezó a contar todo lo que había leído.

—Sé que la glándula puede estar más pequeña de lo normal y que no haya tejido suficiente. Pero lo que me pasa a mí es que la tengo agrandada. ¿Se dice bocio, verdad? Es un esfuerzo compensatorio, ella hace lo que puede, crece, pero es insuficiente para producir la cantidad de hormonas que mi cuerpo necesita. Seguramente será por el déficit de yodo en las montañas de mi pueblo, porque la otra causa sería la destrucción del tejido por mi propio sistema inmune, pero ¿por qué me iba a ocurrir eso a mí? Porque yo no tengo una tiroiditis autoinmune, ¿verdad, doctor?

Hice que no con la cabeza porque realmente me pareció muy poco probable.

—Ahora, después de varios años y de haber consultado a tantos especialistas, entiendo los problemas que tengo de metabolismo y el colesterol alto, que no hay quien lo baje con la dieta, y por qué estoy tan cansada y siempre tan triste. Resulta que mi corazón y mi cerebro no disponen de suficientes hormonas tiroideas. También sé que es un diagnóstico difícil, y por eso a muchas personas les pasa lo mismo y no lo saben... ¿Recuerda aquel futbolista, Ronaldo? Pues ese tuvo que retirarse del fútbol porque le pasaba lo mismo que a mí, engordó, estaba siempre cansado y con una lentitud muscular que le impedía jugar. Igual que al atleta Carl Lewis y a Oprah Winfrey. ¿Ve usted que mi figura se parece a la de Oprah? Pues es por eso, siempre luchando con la báscula. En fin, doctor, lo he pasado tan mal... Sobre todo, psicológicamente, ¿sabe? Ahora sé que los síntomas del hipotiroidismo se parecen a los de la depresión.

En ese instante se detuvo parecía que le invadía una cierta tristeza

—Estoy completamente segura de que tengo hipotiroidismo, cumplo prácticamente todos los requisitos: siempre muy cansada, con la piel muy seca, se me cae el pelo, me cuesta mucho concentrarme en el trabajo y tengo problemas serios de memoria.También he ido aumentando de peso, ya van 8 kg, y tengo estreñimiento y siempre estoy destemplada, con una temperatura de 36,3ºC ¿Lo ve? ¡Lo cumplo todo!

Sus argumentos son tan contundentes que solo me atrevo a asentir con la cabeza. No puedo estar más de acuerdo.

—Así es que vengo a pedirle que me ayude. ¿Qué le parece si hacemos un tratamiento integral de mi hipotiroidismo? Procurando evitar todo lo que me perjudica y asegurándome de tomar suficiente yodo. Ya sé que tendré que cuidar mucho lo que como y relajarme. ¡Eso sí que va a ser díficil! Y bueno, doctor, si todo eso no fuera suficiente, le tengo a usted y yo confío plenamente. Quizá haya que considerar el tratamiento de sustitución con hormonas tiroides ¿verdad?

Llega la recta final de la consulta y desde luego me ha convencido: creo que tiene un hipotiroidismo primario, le pido una analítica para comprobarlo y, efectivamente, días después, se confirma el diagnóstico. ¿Te imaginas que todos los pacientes estuvieran así de enamorados de sus órganos enfermos?

El cerebro necesita la hormona tiroidea

El hipotiroidismo leve o subclínico es frecuente, sobre todo, en mujeres: alrededor de un 10% de la población. Y se incrementa hasta el 20% en mujeres mayores de 45 años. Y más todavía en edades avanzadas.

Además de los síntomas fisiológicos, el hipotiroidismo afecta al cerebro, debido a que este utiliza de forma preferente la hormona tiroidea y es muy sensible a su disminución, antes incluso que otros órganos, apareciendo trastornos del estado de ánimo.

Otras alteraciones psiquiátricas, como el trastorno bipolar y más raramente la psicosis, muestran también un déficit funcional de la tiroides.

Tratamiento hormonal: ¿cuándo es adecuado?

Un pequeño porcentaje de las personas con hipotiroidismo leve podrán acabar desarrollando un hipotiroidismo clínico. En esos casos, optar por un tratamiento hormonal dependerá de si hay síntomas o no.

Si solo hay alteraciones en la analítica, pero la persona se encuentra bien, el tratamiento puede no resultar necesario.

Merece la pena pensárselo, ya que el tratamiento con hormona tiroidea puede tener efectos sobre el corazón en forma de arritmias; sobre los huesos, donde puede causar osteoporosis, o producir alteraciones metabólicas, incluyendo un aumento del colesterol y anemia.

5 hábitos que ayudan a tu tiroides

¿Qué hábitos y consejos pueden ayudarnos a cuidar nuestra tiroides?

1. Que no falte yodo

Se necesitan unos 150 gramos diarios y el 80% se consigue con los alimentos. El yodo se elimina a través de la orina, por eso es importante reponer este mineral a través de la dieta: la sal yodada, las algas, las acelgas, las espinacas y la rúcula son buenas fuentes de yodo. Además, el hinojo es un excelente estimulante de la tiroides.

2. Limita los “bocígenos”

Los bocígenos (alimentos que producen un aumento de volumen de la glándula) disminuyen el funcionamiento de la tiroides, ya que impiden la absorción de yodo. Algunos ejemplos son: el repollo, las coles, el brócoli y la coliflor, aunque una vez cocinados sí se pueden tomar porque las sustancias que inhiben su absorción desaparecen con la cocción.

También se han de evitar rábanos, cebollas, nueces, cacahuetes, higos, uvas, cítricos, melocotones y melones. Y, por último, el pan o cualquier tipo de alimento que lleve harina de trigo.

3. Cuida el intestino

Toda patología autoinmune se gesta en el intestino, ya que el 70% del sistema inmunitario se halla ahí. Debemos evitar todo aquello que lo inflama: los pesticidas, las comidas procesadas, los metales pesados, los lácteos, los azúcares, las aguas cloradas y fluoradas, las proteínas de orígen animal, así como el exceso de gluten y soja.

4. Asegúrate los micronutrientes

La vitamina A, muy beneficiosa para el hipotiroidismo, se encuentra en zanahorias, boniato y espinacas; el zinc, en las semillas de calabaza, la sandía y el chocolate negro; y el selenio, en las lentejas, los guisantes y las semillas de girasol.

5. Evita el estrés crónico

El relax, el descanso, la meditación, las técnicas de relajación y las actividades placenteras (bailar, pintar…) previenen la fatiga suprarrenal y el exceso de hormonas del estrés.

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